Cara queso por fuera, boquerona por dentro.
¡Hola! Me llamo Iris y tengo 22 años. Soy holandesa de nacimiento, pero cuando tenía 7 años mis padres tomaron una decisión que agradezco todos los días de mi vida: mudarnos a Málaga.
Sin saber una palabra de español, mis padres me metieron en un colegio público y tardé tan solo 3 meses en manejar el idioma. Gracias a esto, soy nativa en holandés y en español. Me he criado en Rincón de la Victoria y, desde chica, siempre he estado rodeada de malagueños. Sin embargo, como mis dos padres son holandeses y mi familia vive en Holanda, siempre insistieron en que hablara holandés en casa.
A los 18 años, gracias a ello, pude trabajar como guía turística en holandés, y eso me ayudó a ganar más confianza con el idioma. Este trabajo me regaló algo aún mejor: a mi novio. Y, a pesar de mi promesa de jamás irme de Málaga, fue en febrero de 2026 cuando decidí mudarme 6 meses a Deventer por amor.
¿Quién lo hubiera dicho?
Los idiomas siempre han formado parte de mi vida, ya que crecí aprendiendo cuatro: holandés en casa y español, inglés y francés en el colegio. Desde pequeña sentí mucha curiosidad por las diferentes lenguas y culturas.
Por eso conozco muy bien el holandés y el español, y también sus culturas. Además, al pensar y desenvolverme en ambos, entiendo muy bien los errores y las dificultades típicas de los hispanohablantes que aprenden holandés.
El concepto Holandaluz surgió durante mis 6 meses viviendo en Holanda. Allí experimenté por primera vez el choque cultural entre mi país de nacimiento y mi verdadero hogar, donde me he criado. Esa experiencia me hizo entender mejor las diferencias entre ambas culturas: desde la forma de comunicarnos hasta la manera de relacionarnos y entender el día a día.
Y no hablemos de cenar a las 17:00…
A pesar del choque cultural, agradecí muchísimo hablar el idioma y poder desenvolverme con facilidad. Y entonces me paré a pensar: ¿cómo sería mudarte a un país tan diferente y no hablar el idioma? Fue entonces cuando pensé en empezar con las clases.
Holandaluz es la mezcla de dos mundos: el orden y la claridad holandeses con la vibra, la cercanía y el buen rollo andaluces. Porque aprender un idioma no es solo aprender palabras. Es poder desenvolverte, conectar con los demás y sentirte un poco más en casa, incluso cuando estás lejos de ella.